Escapada rural a Ávila

Este pasado fin de semana hemos aprovechado para hacer una escapada fugaz a una casa rural en Ávila con unos amigos, concretamente a Cuevas del Valle, perteneciente a la comarca de Arenas de San Pedro. Se trata de un pueblo pequeño, de unos quinientos habitantes, con una fuerte presencia turística, que llega a duplicar su población en la temporada de verano.

Su otra actividad principal es la agricultura, especialmente del castaño, de cuyo fruto dimos cuenta esos días, ya que asadas estaban muy pero que muy ricas en este tiempo. El pueblo es muy agradable para pasear, y su arquitectura es interesante. Nos llamo especialmente la atención un par de calles con casas con balcones de madera, todos ellos distintos, pero muy bonitos.

También vimos una iglesia, que me pareció muy grande para el pueblo, e incluso nos comentaron que había otra ermita. Sin embargo estaba cerrada, y no pudimos visitarla por dentro. El aspecto exterior era desde luego imponente.

Las casas del pueblo presentaban un aspecto irrgular en cuanto a su cuidado. Se diferenciaban claramente las casas en las que vivía la gente, cuidadas pero sencillas, de las que se ofertaban como alojamientos rurales, mucho más cucas y con más detalle, de las que estaban deshabitadas o en venta, que presentaban un aspecto descuidado.

No vimos mucha gente por la calle, y gran parte de los paseantes tenían aspecto de turistas, como nosotros. Sin embargo encontramos un par de tiendas de alimentación abiertas, y pudimos hacernos con algunos productos típicos para degustar, así como unas hogazas de pan muy ricas. El pan de pueblo sigue siendo pan de pueblo.

Desde la plaza del pueblo, además de la iglesia, vimos el ayuntamiento, también de un tamaño considerable, y el resto de tiendas de suministros, Correos, bares y demás. Aparentemente la plaza del pueblo actúa como centro neurálgico y comercial de la zona.

Curiosa esta ebanistería. Espero que estuviese abandonada desde los años veinte, porque como estuviese abierta dudo que nadie le encargase una puerta o unan ventanas viendo las muestras que presentaba. O eso, o es que es verdad aquello de en casa del herrero, cuchillo de palo.

La naturaleza también estuvo presente en el viaje. Todo estaba rodeado de verde, y el pueblo estaba integrado perfectamente en el paisaje. Incluso un río crazaba el pueblo de lado a lado, haciendo necesario el uso de puentes de cuendo en cueando. De hecho un riachuelo cruzaba por nuestro jardin, y teníamos que cruzar una pasarela para llegar a la zona de barbacoa.

Lo cierto es que el río no venía muy crecido, no sé si por la época en la que estamos, o es que es habitual verlo con ese caudal todo el año. En cualquier caso, resulta muy agradable de ver, y oir su murmullo en tu jardin resulta muy bucólico.

Las casas estan prácticamente a pie del agua, así que he de suponer que muy crecido no vendrá el río, ya que de lo contrarío, el agua supondría un problema para las viviendas.

Como podéis observar por las fotografías, a escasos metros de las casas, nos enmarcamos en un vergel digno de cualquier paraje florido de nuestros bosques más profundos. Está muy lograda la convivencia de la naturaleza con las construcciones y edificios.

Los parajes desde luego invitaban a pararse un rato a tomar un refrigerio a orillas del río, relajandote y disfrutando de la naturaleza, observando el fuir de las aguas cristalinas del riachuelo.

Incluso algunas de las casas están construídas sobre palafitos, columnas que apoyan en el río y sostienen balcones, terrazas y otros salientes que cuelgan sobre el lecho del río.

Nuestra casa en cuestión era magnífica. Se llama el Torozo, y nos ha gustado tanto, que pensamos repetir en otra ocasión más adelante. La vivienda consta de tres habitaciones dobles (dos de ellas con cama supletoria para hacerlas triples), salon-comedor con cocina americana, garaje para dos coches, y lo mejor, un enorme patio con zonas ajardinadas, río propio y zona de barbacoa completamente preparada.

Fuimos tres matrimonío, con dos enanas pequeñas. Nuestra habitación era una de las de la planta superior, con techo abuhardillado en el que destacaba una claraboya desde la que observar las estrellas por la noche. Colocamos pues la cama de la peque justo debajo de la ventana para que las pudiera ver al irse a dormir.

La casa tenía tres pisos y buhardilla, aunque el sótano (que debía ser la bodega) estaba cerrada y no lo tenían al uso. Sopongo que es donde guardan sus cosas lor propietarios. En la buhardilla había dos habitaciones, cada una con un baño. En la planta de arriba una habitación con baño, y el salón comedor y la cocina. La planta baja tenía el garaje y la entrada a la casa. Por la parte de atrás de la casa, se salía al jardín, al que también se podía acceder desde la calle.

El jardín, de forma rectangular, se veía seccionado en oblicuo por el paso del riachuelo, al que cruzaban dos puentes para permitir el paso a la otra zona. En la zona pegada a la vivienda, había unas tumbonas y un balancín en una zona ajardinada, y cruzando el río, una zona para cocinar al aire libre, pero solada y techada, para disfrutar de ella incluso los días de lluvia.

Allí fue donde pasamos la mayor parte del tiempo, disfrutando de unas barbacoas de órdago. Desayunamos, comimos y cenamos barbacoa, así que ya supondréis que vinimos de allí con unos kilos de más. De hecho, tres de los seis nos pusimos enfermos del estomágo, así que seguro que la carnaza tuvo algo que ver en ello.

Como podéis observar, nos homenajeamos con todo tipo de comidas light; chorizazo, pancetaca, salchichas, entrecots, morcillacas, pinchos morunos… En fin, dieta Dukan, ya sabéis. Incluso hubo hasta latas de cerveza de yonki, de esas de medio litro. No nos privamos de nada.

La parrilla estuvo produciendo en modo 24/7, sin parar en todo el fin de semana. Acabamos con las existencias de leña de lacasa, y si nos quedamos medio día más, tenemos que salir a comprar o talar algún arbolillo del jardín. Como calentaba el braserillo por la noche…

Como os decía antes, compramos un par de kilitos de castañas, y aprovechamos los rescoldos de la barbacoa para asarlas. Estaban muy ricas, pro cierto. No me extraña que el pueblo tenga fama por los castaños de la zona.

Eso sí, a pesar de estar disfrutando de la naturaleza en un marco incomparable, un grupo de geeks no podía estar perdido por el monte sin dos o tres iPads y algunos iPhones. Y es que que mejor sitio que el campo para llevar algunas manzanas. Lástima que la casa no tenía wifi, porque las tarifas de datos estuvieron echando humo todo el finde.

Y eso es todo. Campo, comer, beber y disfrutar de la buena compañía de los amigos y la familia. ¿Qué más se puede pedir, no?. Salud.

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4 pensamientos en “Escapada rural a Ávila

  1. Gracias Beatriz. El sitio es muy bonito de verdad, y la casa merece la pena. Apúntatela para alguna escapada futura, que es buena, bonita y barata.

    Y sí, estoy raro. Hasta a mi me cuesta reconocerme en el espejo…

  2. Sí que lo pasamos bien, sí. Desde luego que volveremos, en cuanto que tengamos ocasión, y echaremos un detenido vistazo a tu blog, que parece muy interesante para conocer a fondo la zona. Un saludo.

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