Escapada rural a Atienza

En febrero fue mi cumpleaños, y mis compañeros de trabajo fueron tan majetes que me regalaron una escapada rural para dos con un bono de esos que viene en una cajita de plástico y que puedes canjear en un montón de hoteles, hostales y casas rurales. Nos pusimos pues a planear mi mujer y yo la salida, y decidimos ir a Atienza (Guadalajara), al Hotel Rural Convento Santa Ana.

A escasamente dos horas de Madrid, nos plantamos (Tom-Tom mediante) en Atienza, y empezamos a disfrutar del entorno nada más llegar. De hecho, antes de llegar, ya que la carretera que lleva a Atienza desde la A2 es espectacular. Paisajes bellos de montaña, y carreteras de esas que a los moteros les gustan para “coger curvas”.

El pueblo es pequeño y acogedor, cuyas murallas ofrecen unas vistas magníficas de campos que acaban allende el horizonte, y con una arquitectura que integra perfectamente las nuevas casas, con las construcciones más antiguas, muchas de ellas monumentales.

Me llamó la atención ver varios pintores por las calles con sus lienzos prestos para capturar las luces y formas de la ciudad, curiosidad que entendí cuando vi un cartel que me informaba de un certamen de pintura rápida que tenía como temática la propia ciudad de Atienza.

El hotel está el en pueblo, y aunque está en las afueras, todo queda a tiro de piedra, y se puede ir a pie en pocos minutos a cualquier rincón del pueblo. Sus instalaciones son muy agradables, y el personal ha sido muy atento. A pesar de ser un hotel rural, la decoración era moderna, y el hilo musical todo un acierto, que hacía muy relajante sentarte en uno de los sillones que había en los diferentes espacios del hotel mientras escuchabas Nessun dorma o a Serrat sinfónico, y cerrar los ojos un rato o disfrutar de una buena lectura.

Llamativo también el hecho de que dentro del propio hotel, hubiera una capilla, reminiscencia del convento del siglo XVIII, completamente integrada en el interiorismo del las salas comunes.

El apartado gastronómico fue otro acierto, al menos para mi gusto, ya que a mi mujer no le satisfizo tanto como a mí. El restaurante del hotel combinaba a la perfección cocina moderna, como el huevo con jamón envuelto en pasta brie que pidió mi ella…

…con el plato de degustación de mantanza que ordené yo. Me dice el camarero que si de primero prefiero crema de verduras o ensalada. “Caballero” -le espeté yo. “Usted no sabe con quién está hablando. Traiga mantanza“. Y después el individuo me pregunta “¿Tomará segundo?“, a lo que contesto: “Por supuesto. Parrillada de carne“.

En fin, un par de días de absoluto relax en el campo, disfrutando del silencio y la buena gastronomía y en compañía de mi mujer y mi hija. No se puede pedir mucho más.

Os dejo algunas otras fotografías que tome ese fin de semana:

Pluma ibérica a la salsa de Moriles. Muy rico también.

Para desayunar, pan con tumaca en pan tostado calentito. Mmmmm…

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